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QUERIDO VIAJERO: A UN MES DE MI REGRESO DE GUATEMALA

Querido Viajero,

Hoy es exactamente un mes desde mi primer viaje fuera del continente norteamericano en más de 20 años. No me había sentado antes para platicarte de mi viaje por actividades importantes que necesitaba hacer. Primeramente, no sabía dónde escribirte esta carta siendo que no tenía una página en donde hacerlo. Después de siete años de estar escribiendo continuamente para una página de ajedrez me quede sin un medio para expresar mis ideas o pensamientos. Pensando en donde escribirte me acorde que tengo una página web con más de 3.3 millones de visitas en dos idiomas y pensé que este sería el mejor medio para compartirte lo que viví.

Escogí Guatemala para mi primer viaje internacional en dos décadas y en este relato entenderás la razón por mi decisión.

Cuando el avión salió del espacio aéreo mexicano sentí una alegría inexplicable, no, no porque no ame a mi país, al contrario, porque me estaba convirtiendo en un embajador de Mexico. Con cada persona que cruzara caminos era la oportunidad de dejar una imagen positiva de mi país y de tu servidor como persona.

Cuando salí del avión con mi mochila regresé a mi juventud. Sentía alegría y nervios, sentía emociones encontradas al igual que un espíritu de aventura. Eso es lo que el viaje ocasiona en uno. Me había encerrado en el continente norte americano por demasiado tiempo.  

Cuando me sellaron mi pasaporte ya quería recorrer todo Guatemala.

El clima durante mi estancia fue fresco y únicamente por un par de horas por día se sentía algo de calor. Yo tenía la idea que Guatemala, por ser Centro América, seria caliente, húmedo y con insectos del tamaño de mascotas, pero fue todo lo contrario. Las mañanas eran frías y las noches también.

Conocí a varios extranjeros y pasé tardes platicando con ellos sobre el mundo y sus culturas. El idioma universal que usamos fue el inglés sin importar país. Te diré que camine mucho, vaya que camine. Para mí tercer día había acumulado fácilmente más de 50 cuadras.

Me la pasé asombrado de todo lo que vi porque por primera vez estaba en un país latino americano. No estaba en los Estados Unidos, Canadá o Europa. Estaba con gente que había descendido de los mismos indios que fundaron mi país.

Comí cosas que no había comido. Hice cosas que por lo regular no hacía en mi ciudad. Descanse, dormí, ore, leí, camine y con muchos guatemaltecos. Me di cuenta que ellos son tan similares a nosotros los mexicanos. luchan por una mejor calidad de vida.

Aun en medio de esta aventura extrañaba a una persona en particular. Los viajes no pueden borrar las decisiones que tomamos en nuestros pasados, pero si nos permite ver el amor y la misericordia de Dios en su creación. 

Lo que más me impacto de mi viaje fue la mañana que salí del hotel para regresar a México. Había un taxista anciano esperándome a las 4:15 a.m. para llevarme al hotel. Mientras manejaba me pregunto de que país era y al contestarle que era mexicano, me pregunto la razón de mi viaje.

‘Simplemente deseaba conocer Guatemala y más porque son nuestros vecinos, ´ le conteste.

Me pregunto la razón porque un país con más de 100 millones de mexicanos casi no visitaba su país.

Yo estaba listo para contestar su pregunta porque yo me la había hecho y por las calles de Guatemala encontré la contestación.

‘Por nuestra soberbia como mexicanos,’ le conteste. ‘Porque mi país esta norteado y únicamente ve al norte como su única opción. Prefieren ir a un país donde los maltraten, los discriminen y los hagan esperar en línea por una VISA, no comprendiendo que nuestros vecinos del sur nos esperan con brazos abiertos, en viajes más económicos y belleza que supera al norte y no nos piden VISA para visitarlos.’

El taxista me dijo que yo era el primer mexicano en decirle esto al confesarme que él había visitado a mi país. Su voz se quebró al decirme que había sido discriminando varias veces por ser de Centro América. En ese momento sentí como que había vivido más que simples discriminaciones.

Al llegar al Aeropuerto Internacional baje mi maleta y el anciano me pidió algo que ningún taxista me había pedido. Me pidió si me podía abrazar.

‘Nosotros los guatemaltecos tenemos el auto estima muy baja y el oírle aceptar algo que ningún mexicano me había podido contestar me bendijo mucho.’

Abrace al anciano taxista.

¿Sera que su hijo o un familiar suyo desapareció de transito por nuestro país hacia la frontera americana?

No lo sé, pero al abrazarme sus ojos se llenaron de lágrimas.

‘En nombre de mi país acepte una disculpa por nuestra soberbia y manera de tratarlos. Que bello que aquí a las 4:30 a.m. México y Guatemala hacen las paces.’

El taxista me pidió mi nombre y correo electrónico y se puso a mi disposición para llevarme por todo su país la próxima vez que regresara.

Al entrar al aeropuerto me pidieron mi pasaporte, me di cuenta que nadie sin pasaporte podía ingresar, al voltear hacia la calle ahí estaba el anciano taxista parado viéndome con una sonrisa en su rostro.

Le regrese la sonrisa sin el saber que tan importante fue su abrazo para mí.

Ahora que estoy en mi casa estoy viendo hacia Sudamérica y Asia como mi siguiente destino. Hay un mundo que me espera y estoy listo para verlo.

Cuando regrese te escribiré otra carta sabiendo que al recibirla te encontrara bien.

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Sobre el autor: Abed Muñoz es socio operativo de Asesorías Academicas en Acuña, México. Asesorías Académicas es una institución de inglés, en su mayoría, para profesionistas vinculados al sector maquiladora: www.asesoriasacademicas.com.mx  Se pueden comunicar con él en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o en Twitter @TravelingAbed